José Pino pacta con el PP y el GIPMTM en Mancomunidad por una vicepresidencia y un cargo en Axaragua
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José Pino ha dejado por escrito que jamás pactaría con el GIPMTM mientras estuviera Atencia, ni con el PP mientras estuviera Lupiáñez. Pero en la Mancomunidad Costa del Sol Axarquía forma parte del gobierno junto al PP y el GIPMTM. Y, según las cifras que se le atribuyen por sus cargos públicos, su presencia institucional le permitiría sumar en torno a los 80.000 euros anuales en retribuciones.
La política tiene frases que envejecen mal. Y luego está lo de José Pino.
El dirigente de AxSí dejó escrito en redes sociales, sin rodeos y ante varios usuarios, que “jamás pactaremos con el GIPMTM mientras esté Atencia y compañía, ni con el PP mientras esté Lupiáñez”. No lo dijo una vez. Lo repitió. Lo convirtió en bandera. Lo vendió como una cuestión de principios.
Pero la realidad institucional le ha pasado por encima como una apisonadora.
Hoy, José Pino forma parte del gobierno de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Axarquía, una institución gobernada por PP, Por Mi Pueblo, GIPMTM y AxSí. Y no como invitado de piedra: Pino aparece oficialmente como vicepresidente sexto, al frente del área de Planificación Estratégica y Recursos Europeos. En el mismo gobierno comarcal figura también Jesús Pérez Atencia, del GIPMTM, como vicepresidente segundo de Turismo y Playas. La estructura está publicada por la propia Mancomunidad.
Es decir: lo que Pino decía que jamás aceptaría en Vélez-Málaga, lo acepta en la Mancomunidad.
La pregunta cae sola: si tan grave era pactar con Atencia, con el GIPMTM y con el PP, ¿qué hace José Pino sentado en un gobierno comarcal con ellos?
Y la segunda pregunta es todavía más incómoda: si de verdad mantiene aquello de los principios y la dignidad, ¿por qué no se va del gobierno de la Mancomunidad?
Porque una cosa es escribir en Facebook que no se pacta “con cualquiera” y otra muy distinta es soltar una vicepresidencia, un área delegada y el peso institucional que conlleva estar dentro del gobierno. Más aún cuando, según la cifra que se maneja en el debate público local, Pino podría sumar en torno a 80.000 euros anuales por sus retribuciones públicas vinculadas a sus responsabilidades institucionales.
Ahí es donde el discurso empieza a chirriar.
Pino no puede presentarse en Vélez-Málaga como el látigo moral contra Atencia, el GIPMTM y el PP, y al mismo tiempo formar parte de un gobierno supramunicipal donde esas mismas siglas están en la mesa. No puede vender una línea roja a los vecinos y luego convertirla en una alfombra roja cuando hay sillón, cargo y sueldo de por medio.
Sus propios comentarios lo persiguen:
“Jamás pactaremos con el GIPMTM mientras esté Atencia y compañía.”
“Ni con el PP mientras esté Lupiáñez.”
“Yo tengo principios y dignidad, así que no pactaré con cualquiera.”
“Vamos a luchar por ganar por mayoría y no tener que pactar con nadie.”

Pues bien: en la Mancomunidad no solo no ha roto con ese gobierno, sino que forma parte de él.
La contradicción no es menor. Es política de manual. En Vélez, Pino lanza el discurso duro contra el GIPMTM y contra el PP. En la Axarquía, comparte gobierno con ellos. En redes, habla de principios. En la institución, ocupa vicepresidencia.
Y ahí aparece el verdadero dilema: ¿era una cuestión de dignidad política o una pose electoral?
Porque si José Pino cree realmente lo que escribió, la salida es sencilla: renunciar a su puesto en el gobierno de la Mancomunidad. Irse. Romper. Plantarse. Demostrar que aquellas palabras no eran un decorado para rascar votos, sino una convicción real.
Pero si no se va, entonces el mensaje que queda es otro: en Vélez no pactaría, pero en la Mancomunidad sí; con Atencia no, salvo que sea en un gobierno comarcal; con el PP de Lupiáñez no, salvo que el PP presida la institución donde él ocupa una vicepresidencia.
Eso no es coherencia. Eso es contorsionismo político.
Pino puede intentar explicar que la Mancomunidad no es el Ayuntamiento. Puede decir que una cosa es Vélez-Málaga y otra el ente comarcal. Puede envolverse en tecnicismos. Pero el ciudadano medio entiende perfectamente lo esencial: las siglas son las mismas, los protagonistas son los mismos y el gobierno es compartido.
Y si la incompatibilidad moral era tan profunda, debería serlo en todas partes. No solo donde conviene electoralmente.
La Mancomunidad aprobó su nueva estructura de gobierno con seis vicepresidencias y con presencia de PP, Por Mi Pueblo, GIPMTM y AxSí. En esa distribución, Pino quedó situado como vicepresidente sexto.
Por eso la pregunta no se apaga. Al contrario, cada día pesa más:
¿Qué vale más para José Pino: aquella palabra de “jamás” o el sillón de la Mancomunidad?
Mientras no abandone ese gobierno, su discurso contra los pactos sonará menos a principios y más a teatro. Porque los principios, cuando son de verdad, se demuestran donde duelen: en el cargo, en el sueldo y en la renuncia.
¿Pero por qué no lo hace? Es fácil. Sumando su presencia en la Mancomunidad y su papel como vocal en Axaragua, José Pino no aparece como cargo liberado con un sueldo fijo específico por esos puestos, pero eso no significa que su presencia institucional sea gratuita. Entre asistencias a Juntas, comisiones informativas y consejos de administración, su participación en estos órganos puede traducirse en varios miles de euros brutos al año. Y ahí está la contradicción política: mientras en Vélez-Málaga presume de rechazar pactos, sillones y gobiernos compartidos con el PP y el GIPMTM, en la práctica sigue formando parte del entramado institucional de la Mancomunidad, donde comparte espacio de gobierno con esas mismas siglas y donde su permanencia también tiene una compensación económica.
Y por ahora, Pino no ha renunciado a un solo euro ni a un solo cargo.





















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