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Destapan otro cargo más de José Pino puesto a dedo en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga con un sueldo de casi 35.000 euros

  • hace 15 horas
  • 3 min de lectura

La polémica en torno a José Pino vuelve a crecer. El dirigente de Andalucía Por Sí, que en los plenos municipales intenta presentarse como azote del poder y fiscal de los demás, acumula ya dos nombramientos a dedo vinculados a su entorno político: uno en Axaragua y otro en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga.


El caso más reciente afecta a Axaragua, la empresa pública del agua dependiente de la Mancomunidad de Municipios de la Costa del Sol Axarquía. Según las informaciones publicadas, una mujer vinculada al espacio político de Pino figura como apoderada solidaria de la empresa pública desde julio de 2024 y posteriormente apareció en la candidatura andalucista por Málaga en las elecciones autonómicas de 2026.


La secuencia ha disparado las dudas políticas. Primero, cargo en Axaragua. Después, candidatura electoral. Y todo ello bajo el paraguas del pacto de Mancomunidad que mantiene a José Pino dentro de la estructura de poder comarcal junto al Partido Popular, Por Mi Pueblo y el Grupo Independiente Pro Municipio de Torre del Mar.


Pero la polémica no termina ahí. A ese nombramiento en Axaragua se suma otro cargo de confianza en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga vinculado al entorno político de Pino: un secretario o asesor de grupo político. Según la documentación municipal de la Relación de Puestos de Trabajo, estos puestos de Asesor de Grupo Político, nivel 3, cuentan con unas retribuciones de 34.610,66 euros anuales, distribuidos en 14 pagas iguales.


Es decir, más de 34.000 euros al año de dinero público para un puesto de confianza política. Y con ello, la presión vuelve a colocarse sobre el dirigente andalucista y sobre una pregunta incómoda: ¿cuántos cargos dependen ya de los pactos políticos de José Pino?


La contradicción es evidente. Pino denuncia supuestos privilegios ajenos, acusa al Gobierno local y endurece sus ataques en los plenos, pero al mismo tiempo su entorno político aparece relacionado con puestos de designación en administraciones públicas. Uno en la empresa pública del agua. Otro en el Ayuntamiento.


Mientras tanto, el propio Pino mantiene su posición en la Mancomunidad como vicepresidente sexto del Área de Planificación Estratégica y Recursos Europeos, cargo al que accedió tras el acuerdo político que sostiene el gobierno comarcal. Ese pacto, lejos de romperse, continúa vigente pese a sus ataques públicos al PP y al Grupo Independiente en Vélez-Málaga.


La oposición política señala que el caso deja al descubierto el doble discurso del dirigente andalucista. En Vélez-Málaga se presenta como víctima del sistema. En la Mancomunidad forma parte de ese sistema. En los plenos exige explicaciones. Pero cuando las explicaciones afectan a sus pactos, sus cargos y las designaciones de su entorno, el silencio se vuelve mucho más llamativo.


La cuestión no es menor. Axaragua gestiona un servicio esencial como el agua en la Axarquía. La Mancomunidad es una institución pública sostenida con recursos públicos. Y el Ayuntamiento de Vélez-Málaga también mantiene cargos de confianza pagados con dinero público. Por eso, cualquier nombramiento vinculado a partidos, candidaturas o acuerdos políticos exige máxima transparencia.


Pino debe aclarar si esos cargos forman parte del reparto político derivado de sus pactos. Debe explicar qué papel tuvo su formación en el nombramiento de la apoderada de Axaragua. Debe aclarar también la relación del cargo de confianza del Ayuntamiento con su grupo político. Y debe hacerlo públicamente, con nombres, fechas, sueldos y responsabilidades.


Porque el problema para Pino ya no es solo el pacto. Es lo que viene con el pacto.

Primero fue la vicepresidencia en Mancomunidad. Después, las críticas por su papel en Axaragua. Ahora, la polémica por cargos de confianza y designaciones vinculadas a su entorno. Demasiadas coincidencias para un político que pretende vender independencia.


José Pino ha convertido la denuncia en su principal herramienta política. Pero ahora es él quien debe responder. Y la pregunta es clara:


¿Está Pino fiscalizando el poder o está aprovechando su cuota de poder?

Mientras no dé explicaciones, la sombra del doble discurso seguirá creciendo. Porque no se puede señalar a los demás por los cargos públicos mientras el entorno propio suma puestos de designación. No se puede hablar de limpieza política mientras se mantienen pactos que generan cargos. No se puede ir de oposición pura mientras se participa del reparto institucional.


Pino tiene ya un problema político serio: su discurso contra el poder choca con los cargos que aparecen alrededor de su pacto. Y esa contradicción, esta vez, no se tapa con gritos en el pleno.

 
 
 

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