La carta de un enfermero de Torre del Mar que lucha en primera línea contra el coronavirus




Isidoro Pérez Rivas es un enfermero de Torre del Mar que hace unas semanas se fue a Madrid a luchar en primera línea contra el coronavirus. Este enfermero torreño no dudo ni un momento ejercer su profesión en la zona cero de este virus en España: Madrid.


En el día de hoy reproducimos una carta que ha escrito explicando su experiencia:


Parecen no importar los más de 50 sanitarios que se han llevado sus aplausos al cielo, las más de 24.300 almas de las cuales no se han podido despedir sus familiares.


Al fin y al cabo son números.

Qué rápido se olvida.


Esos aplausos que empezaban a las 19:58 por todos los sanitarios y "enfermheroes" que daban el 400% trabajando. Pasando día y noche luchando por todos sin mirar procedencias. Para que de la noche a la mañana, nadie tenga precaución, total, los sanitarios volverán a abandonar sus familias, casas, para seguir luchando los meses que hagan falta. ¿No?


Todos decíamos que esperábamos que al "terminar" esto que hemos pasado o (al disminuir la curva, al parecer, ya que esto no ha terminado), hubiésemos sacado algo, hubiésemos aprendido algo, pero no.


"Recuerda aprender del dolor, porque si no lo haces, tu sufrimiento habrá sido en vano" , desearás volver atrás una y otra vez para arreglar algo que ya no tiene solución.

Ya se han olvidado los días encerrados sin saber si se podrá salir a la calle. Días de despertar, comer, volverse a tumbar y quien tenía algo más de voluntad, estudiar, incluso buscarse la vida con cualquier cosa para hacer algo de deporte en casa, incluso en una habitación.


¿De verdad que ya nadie se acuerda?

Nadie aprende una lección hasta que la vive y le duele.


Nadie sabe lo que se tarda en vestirse y desvestirse siguiendo el protocolo adecuado, el sudor que empapa el pijama y el cuerpo, la falta de aire bajo las mascarillas, la piel despellejada por el alcohol y los lavados de manos, la falta de tacto por el triple guante para canalizar esa vía por la cual tiene que ir la medicación, el no poder ver porque las gafas están empañadas y sobre todo el miedo de intentar no ser uno más de los contagiados, pensando y volviendo a pensar y midiendo cada paso que das para asegurarte que no estás contagiado.

Nadie lo sabe hasta que lo vive.


Si lo supiéramos, todo sería distinto.

¿Y desde el punto de vista de un paciente?

Te encierran en una habitación, te despiertan a las 00:00, a las 06:00, a las 8.30 personas disfrazadas y encima te tienes que fiar de ellas, siguen entrando a las 13:00, 16.30, 20:00.. y sólo escuchas: cámbiate de lado, gira, levanta, te voy a dar el pinchacito en el dedo, el de la barriga, ahora las inhalaciones, tómate la medicación, "ésta" por la vía, te voy a tomar la tensión, la frecuencia, saturación, temperatura.. En el mejor de los casos consigues tener un trato más cercano y continuo con un enfermero, pero sigues imaginándote su rostro, aunque ya por la silueta sabes quien es.


¿Y a los ojos del sanitario?.

En el mejor de los casos:

Pacientes que te enseñan día a día, que te animan día a día. Dando fuerzas constantemente al personal y a los compañeros de habitación, haciéndoles ver que esa recaída podía superarse nuevamente.


Personas de las que cuando llegas a un sitio nuevo y te encuentras sumido en un caos, te dan un poco de comprensión dentro de ésta incomprensible paradoja, aclarándola.


Luchando y luchando, sufriendo. Sobretodo sufriendo, viendo como pasan las noches con la v60 en prono, pasando por el reservorio, alto flujo, hasta las gafas nasales, dejando de ser firme candidato a uci. Aunque no será fácil, se hará de rogar esa saturación necesaria para poder tener la completa seguridad y confianza, pasando de 6l hasta saturaciones basales. Recuperando por fin el aire necesario.

Ésta vez el cuento tiene "final feliz", ¿Cuántos casos en el mundo no los han tenido?


Son vidas, no son números.

En los cuales ves como se apaga, acompañando y dándoles ese cariño que les falta, hasta iniciar la sedación para evitar el sufrimiento. Pero sigues con los cuidados y hablándole, hasta el fin.

Y después de todo, ¿quién te da la certeza de no ser uno más de los casos confirmados de covid-19 en éste país?.


Pd: "Sé fuerte. No importa por lo que estés atravesando. Se fuerte. Nada es permanente, todo es temporal. Cada cosa pasará, y en algún momento tu vida mejorará. No te deprimas, pues tú haces de tus días lo que tú quieres que sean. Aprovéchalos. Vívelos. Sonríe, vence tus temores. Llora si tienes que hacerlo, saca lo que llevas dentro. Pero jamás te des por vencido, pues en ésta vida no tendrás golpe tan fuerte que no puedas soportar".

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