Torre del Mar dedicará una calle al arqueólogo Hermand Schubart


El Pleno Ordinario del mes de enero en el Ayuntamiento de Vélez-Málaga ha aprobado por unanimidad la propuesta del Grupo Independiente Pro Municipìo de Torre del Mar para otorgar, según el reglamento municipal de honores y distinciones, una calle al ilustre arqueólogo alemán y profesor Hermand Schubart.

Creemos que es por todos conocido la vinculación histórica que ha tenido la figura del arqueólogo alemán Hermanfrid Schubart con nuestra tierra como figura esencial de las excavaciones que tuvieron lugar en nuestras costas desde los años 60, y entendemos que ha llegado el momento de hacerle un reconocimiento público y expreso por su inestimable contribución, para dar a conocer de manera internacional los restos de la presencia fenicia aparecidos en Toscanos, Alarcón, Jardín, Morro de Mezquitilla, Trayamar y Chorreras. Y que mejor que hacerlo, al igual que ya se hizo con el escudo de oro de la ciudad de Vélez-Málaga, que dándole su nombre a una calle del municipio para que quede para la posteridad.

Hay que recordar que fué prehistoriador del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid desde 1960 y director del mismo desde 1984 hasta su jubilación en 1994, y que con sus excavaciones en la costa de Vélez-Málaga ha dejado una huella muy importante en la investigación sobre los fenicios de la Península Ibérica.

Hermanfrid Schubart nació el 1 de diciembre de 1930 en Kassel (estado de Hessen, Alemania). Era un niño cuando empezó la Segunda Guerra Mundial y un adolescente cuando acabó. Pasó sus últimos años de colegio y los de universidad en la República Democrática de Alemania. Entre 1949 y 1953 estudió en las universidades de Greifswald y Leipzig, donde obtuvo la licenciatura, y desde 1953 hasta 1957 trabajó como profesor asociado en el Instituto de Pre y Protohistoria de la Universidad de Greifswald, donde en 1955, el día de su 25 cumpleaños, se doctoró con una tesis sobre el Bronce Antiguo en Mecklenburg.

Entre 1955 y 1957 dirigió numerosas intervenciones arqueológicas para el Servicio de Excavaciones de Pomerania. Entre 1957 y 1959 trabajó como colaborador científi co del Instituto de Pre y Protohistoria de la Deutsche Akademie der Wissenschaften de Berlín. En esta época realizó varios viajes de estudio a Dinamarca, Suecia, Polonia, Checoslovaquia y la Unión Soviética.

En 1959, con 28 años de edad, su doctorado y 20 artículos en el bolsillo, toma una decisión que dará un giro radical a su vida: cruza la frontera para pasar a la Alemania occidental, aunque no con la intención de quedarse allí, sino de seguir su viaje hacia tierras más lejanas, hacia otros mundos y otras culturas.

Ya en esta primera etapa de su vida es evidente su carácter fuerte y decidido, dispuesto a sacrificarse si las circunstancias lo requieren. Además posee una mente abierta y receptiva a otras ideas, y es un trabajador incansable y entusiasta. Esta particular forma de ser caracteriza todo aquello que emprende.

Ya en la Alemania occidental, nada más llegar, fue acogido con los brazos abiertos por la Central del Instituto Arqueológico Alemán en Berlín. Desde allí, casi sin demora, lo enviaron al Instituto Arqueológico Alemán de Madrid, donde tuvo la suerte de llegar justo en el momento en el que quedaba vacante una plaza. Nunca había estado en este país, por lo que lo suyo fue un amor a primera vista.

En el IAA de Madrid trabajó como colaborador científico bajo la dirección de Helmut Schlunk y con su sucesor, Wilhem Grünhagen, desempeñó la función de segundo director. En 1981 H. Schubart fue nombrado director del Instituto de Madrid, cargo que ejerció hasta su jubilación en 1994. Con la energía, el carisma y el entusiasmo que le caracterizan, desarrolló múltiples actividades en el campo de la investigación arqueológica, actividades que han dejado una huella imborrable en la arqueología de la Península Ibérica.

El abanico de sus investigaciones es amplio: se extiende desde el estudio de las fortificaciones calcolíticas hasta la Edad del Bronce del suroeste peninsular, pasando por la cultura argárica, la ibérica y la colonización fenicia. Dirigió numerosas excavaciones: Entre 1962 y 1973 en Zambujal y Atalaia en Portugal, en 1961 en el Montgó (Denia, Alicante) y entre 1977 y 1999 en Fuente Álamo.

Entre 1964 y 1984 desarrolló una intensa actividad en la Axarquía: excavó en Toscanos, Alarcón, Jardín, Morro de Mezquitilla, Trayamar y Chorreras, siendo muy numeroso el grupo de colaboradores que participaron activamente en aquellas excavaciones y que asumieron un papel relevante en el estudio de los materiales y la interpretación arqueológica e histórica de los asentamientos.

Su método de excavación se ha caracterizado siempre por la rigurosa y exhaustiva documentación, y su actitud receptiva a nuevas ideas y técnicas de trabajo: busca y encuentra la colaboración de científicos de variada índole, no sólo pre o protohistoriadores y arqueólogos, sino también geólogos, botánicos, antropólogos o físicos entre otros, y gracias a su carisma consigue crear equipos homogéneos. Forma y apoya a los jóvenes investigadores, les abre vías, construye puentes entre el mundo arqueológico español, el portugués y el alemán.

Este mismo concepto lo aplicó también a la estructura del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid. Siempre procuró que la plantilla estuviese compuesta por especialistas de varias disciplinas. Fomentó los estudios sobre el Paleolítico con la misma fuerza y el mismo interés que mostró hacia la Edad del Cobre, la del Bronce, el Hierro, la arqueología clásica, tardoantigua, medieval o islámica. Bajo su dirección, favorecida también –hay que admitirlo– por el auge económico de la Alemania de aquellos años, el instituto era como un gran cruce de caminos, con muchas gentes de lo más variado trabajando e intercambiando conocimientos e ideas.

Mención aparte merece su faceta académica y universitaria. Después de la presentación de su trabajo sobre la Edad de Bronce del sureste peninsular (publicado en 1975), es nombrado profesor por la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Munich, donde impartió clases durante muchos años, pero su docencia no se limitó a las aulas universitarias, sino que se extendió a otros ámbitos, como son las excavaciones, reuniones, seminarios y congresos tanto en la Península como en el extranjero. Naturalmente toda esta actividad imparable recibe el reconocimiento oficial en forma de altísimas distinciones, como el nombramiento de doctor honoris causa por la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, año en el que también recibe la cruz del mérito de la República Federal de Alemania.

En 2005 es nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Oporto. Como director del Instituto Arqueológico Alemán de Madrid recibió de manos de su majestad el rey don Juan Carlos la medalla de oro de Bellas Artes y posteriormente, en 1992, le fue entregada la misma medalla pero a título personal, por su trayectoria vital dedicada a la investigación.

De manos del profesor Rodríguez Oliva recibió la medalla de honor de la Universidad de Málaga y en 1997 la medalla de oro de Andalucía. En 1983 la de la Asociación Española de Amigos de la Arqueología y en 2004 la del Centro de Estudios Fenicios y Púnicos, ambas instituciones madrileñas. También la misma Axarquía reconoció y agradeció su dedicación a la arqueología de esta tierra distinguiendo al Instituto Arqueológico Alemán de Madrid con el escudo de oro de la Ciudad de Vélez- Málaga, aunque evidentemente debida a la labor de Hermanfrid Schubart y su equipo.

Y recibe otros reconocimientos que igualmente sabe valorar: no son tan vistosos pero, si cabe, más valiosos: la amistad inalterable de sus colegas, del capataz de una excavación –Antonio Valcárcel– y el respeto amable de muchos estudiantes que seguirán siéndolo aunque hayan pasado los años y ya hayan demostrado su valía con sus brillantes carreras. Es un buen amigo de sus amigos... y es un gran padre y abuelo para sus seis hijos y 12 nietos, y también lo es para muchos de nosotros.

De hecho, hay un asteroide en el firmamento que fue descubierto el 29 de septiembre de 1973. Se llama Toscanos, y fue bautizado así por el hermano del profesor Schubart, es decir, por el profesor Joachim Schubart, catedrático de astronomía en la Universidad de Heidelberg.

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